"La verdad de Soraya", una película basada en un hecho real, nos cuenta el trágico final de Soraya, una joven mujer cuyo matrimonio con un mentiroso esposo -por llamar de alguna manera a semejante bestia- la llevó a la muerte por lapidación, acusándola falsamente de adulterio, hecho que en Irán se castiga con una de las más crueles sentencias: la lapidación.
Lo más gracioso de todo es que los islámicos niegan esa falta de derechos, esa brutalidad manifiesta y ese continuo ataque hacia quienes no postulamos con sus ideas, pero ¿qué esperar de gente cerrada, inculta y anclada en unas tradiciones aberrantes? Si, ellos alegan siempre lo mismo, que si otras religiones han sido igualmente bárbaras y castigadoras en su tiempo, pero es que hay mismo esta la diferencia, lo que nos distingue de ellos es que nosotros, los occidentales, supimos en su día frenar el poder de la religión en aras de la libertad del ser humano, algo que ellos no alcanzan a comprender...
Es una pena que en pleno siglo XXI, en los países islámicos se permita todavía la negación de los derechos básicos de una mujer, pero que se puede realmente esperar de una cultura y una gente que solo viven por el fanatismo hacia un dios que dicen omnipotente, cuando la realidad es que si existiera en verdad su dios lo primero que haría seguramente seria borrar el Islam de la faz de la tierra, algo que ya que no lo hace él, quizás deberíamos hacerlo el resto del mundo que no comulga con una cultura retrograda, bárbara, inculta y lo que es peor, asesina...

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