"La verdad de Soraya", una película basada en un hecho real, nos cuenta el trágico final de Soraya, una joven mujer cuyo matrimonio con un mentiroso esposo -por llamar de alguna manera a semejante bestia- la llevó a la muerte por lapidación, acusándola falsamente de adulterio, hecho que en Irán se castiga con una de las más crueles sentencias: la lapidación.
Lo más gracioso de todo es que los islámicos niegan esa falta de derechos, esa brutalidad manifiesta y ese continuo ataque hacia quienes no postulamos con sus ideas, pero ¿qué esperar de gente cerrada, inculta y anclada en unas tradiciones aberrantes? Si, ellos alegan siempre lo mismo, que si otras religiones han sido igualmente bárbaras y castigadoras en su tiempo, pero es que hay mismo esta la diferencia, lo que nos distingue de ellos es que nosotros, los occidentales, supimos en su día frenar el poder de la religión en aras de la libertad del ser humano, algo que ellos no alcanzan a comprender...
Es una pena que en pleno siglo XXI, en los países islámicos se permita todavía la negación de los derechos básicos de una mujer, pero que se puede realmente esperar de una cultura y una gente que solo viven por el fanatismo hacia un dios que dicen omnipotente, cuando la realidad es que si existiera en verdad su dios lo primero que haría seguramente seria borrar el Islam de la faz de la tierra, algo que ya que no lo hace él, quizás deberíamos hacerlo el resto del mundo que no comulga con una cultura retrograda, bárbara, inculta y lo que es peor, asesina...
Sonríes, y a veces, sin embargo, interiormente por dentro queman las entrañas , el corazon palpita frente a la calle en llamas, a la misma naturaleza, y los pensamientos se disparan hacia el infinito, sintiéndote como un extraño en la ciudad , un solitario en medio de los edificios, donde todo el mundo corre a nuestro alrededor con una dirección fija pero incierta, buscando quizás un camino de baldosas amarillas que lleve hasta donde otros dejan los restos de tanta felicidad, tratando tal vez de buscar y curar esas viejas heridas que no cicatrizan desnaturalizando las imagenes de la memoria, la sombra del recuerdo, el sabor que nunca cesa en nuestros labios por un sentimiento cautivo….
Cuando nos ponemos en movimiento el mundo cambia a nuestro alrededor, porque nosotros cambiamos la manera de percibir el mundo, porque en cierto momento todo comienza a fluir más naturalmente, quizás porque hemos tomado la decisión de ser artífices de nuestro destino, y no de soportarlo pasivamente...
No sé bien por qué, pero casi todos le damos una gran importancia a "la primera vez" de algo, esa primera vez ante la que en ocasiones nos enfrentamos asustados y desamparados y, deseándolo con todas nuestras fuerzas, no encontramos una mano apretando la nuestra. Y sin embargo, todo lo experimentamos de acuerdo a lo que pensamos, vivimos y sentimos, algo que disminuye o aumenta su intensidad sin que tengamos control de lo que nos puede forjar como algo indescriptible e inmedible, que puede llevarte a la desgracia y al dolor, o puede llevarte a la sabiduría y la vida.
La primera vez, a veces la única manera de salvarnos al recibir grandes dosis de sentimientos tan intensos… que ayudan a sentir lo que significa realmente vivir.